La función del arte en el budismo tibetano
Personalidades

La función del arte en el budismo tibetano

El arte en el techo del mundo

El Tíbet, conocido como “el techo del mundo”, es una tierra que propicia el sosiego, el equilibrio y la calma. Parece que esta meseta, la más elevada del planeta, busca alejarse del mundo terrenal para acercarse a la luz y hallar la sabiduría. 

No es de extrañar que los monjes hayan desarrollado en el Tíbet ritos y prácticas que les hayan acercado a la iluminación. 

El budismo llegó desde la India para establecerse en el Himalaya en el siglo VII. Fue declarada religión oficial en el siglo VIII. En su adaptación a las costumbres y creencias preexistentes en la región, incorporó ciertas variaciones, como la meditación basada en la visualización de imágenes. Esta corriente espiritual, denominada budismo tibetano, está intensamente ligada al arte. La pintura y la iconografía tienen un papel fundamental en esta doctrina. A día de hoy, es una de las variantes budistas más importantes y seguidas del planeta. 

El Dalai Lama representa al máximo líder espiritual del budismo tibetano. Desde 1649 y hasta la invasión china del Tíbet, los sucesivos Dalai Lama habitaron el Palacio de Potala, ubicado en Lhasa. En 1959, Tenzin Gyatso, actual Dalai Lama, huyó del Tíbet a pie por la ocupación del ejército chino. Se estableció en la India, donde a día de hoy sigue residiendo.

Palacio del Potala | National Geographic
Palacio del Potala | National Geographic

El arte del budismo tibetano: una disciplina con una inmensa carga espiritual

Las trece alturas del palacio están repletas de efectos decorativos, como piezas de porcelana, esmeraldas y recipientes de jade, así como de coloridas pinturas thangka. Los thangka son tapices que muestran la vida de Buda y de los Dalai Lama, así como escenas relacionadas con la historia, la medicina y el arte, entre otros. Estos tapices, generalmente hechos sobre lienzos de algodón o bordados de seda, se concibieron para ser “portátiles”. Los lamas podían enrollarlos, para desplazarse con ellos a otros templos o difundir el mensaje que contenían. 

Sus creadores podrían llegar a tardar un año en confeccionarlos, dado el nivel de detalle y la delicadeza con la que se realizaban. 

Los artistas encargados de crear las pinturas para los templos debían conocer tanto las técnicas pictóricas, como las enseñanzas contenidas en los textos sagrados del budismo. Los pintores debían tener suficiente comprensión religiosa para elaborar un thangka. Abordaban las pinturas con respeto y reverencia, no como simples lienzos, sino como un cosmos con una profunda carga espiritual. 

Cabe resaltar la importancia de las tsakalis en el arte del budismo tibetano. Estas pinturas en miniatura eran empleadas en los rituales de iniciación y en el entrenamiento de monjes. Cada una muestra generalmente a una única deidad protectora, y se suelen colocar en forma de conjunto o hilera. 

Arte del budismo tibetano, 23 posturas de yoga
Arte del budismo tibetano, 23 posturas de yoga

El arte sacro que promueve la práctica del estrangulamiento y las relaciones sexuales

Ocultos entre las montañas y cordilleras del Tíbet, se pueden hallar monasterios y palacios deslumbrantes. Las paredes de estos templos albergan conmovedoras pinturas cuya función es puramente didáctica. El budismo tibetano promueve a través de un arte sacro la práctica del yoga, la meditación y otras disciplinas tántricas. Es frecuente encontrar imágenes de posturas sexuales que puedan inducir a la reencarnación. También se exhiben esqueletos, que recuerdan lo efímera que es la existencia en la tierra. La simbología y las ideas que transmiten deben ser interpretadas únicamente por el ojo experto, pues algunas de ellas pueden ser peligrosas. Ciertas técnicas instruyen sobre la ejecución correcta de estrangulamientos que induzcan a experiencias cercanas a la muerte, como medio para llegar a la iluminación. 

El fin último de estas enseñanzas es inducir al creyente a la budeidad, es decir, un estado libre de obstrucciones que permita alcanzar la felicidad continua y lograr el entendimiento de la verdadera naturaleza de la realidad. También promueven la búsqueda de la sabiduría, la compasión y la empatía. 

El Palacio de Lukhang, también ubicado en la ciudad sagrada de Lhasa, alberga uno de los tesoros artísticos de la cultura tibetana mejor guardados. La construcción del palacio reproduce la estructura de una mandala y recoge los tres principios de la iluminación: la realidad externa, las experiencias personales y la dimensión que trasciende del espacio y el tiempo. Sus vetustos murales ejercen como catalizadores de la transformación espiritual de quien los observa. Recorren la vida de Buda y sus enseñanzas, muestran imágenes de gurús y reyes, ilustran posturas de yoga y métodos de reencarnación y desvelan los secretos de la meditación y del origen del universo.  

Pintura del Tíbet promoviendo prácticas sexuales
Pintura del Tíbet promoviendo prácticas sexuales

La interpretación de pinturas, base de la educación de los Dalai Lama

El Palacio de Lukhang, creado para alcanzar un estado de conciencia superior, es prácticamente impenetrable. Erigido en el siglo XVII, únicamente han podido acceder a el los Dalai Lama y algunos afortunados más. 

Se concibió como un templo para iniciar al Dalai Lama en la praxis del yoga y la meditación. Los Dalai Lama aprenden a descifrar las pinturas del templo antes de saber leer. 

Como el actual Dalai Lama afirma, estas obras artísticas no son únicamente objetos que transmiten belleza, sino que son una referencia y una guía para los seguidores del Budismo, el yoga y la meditación, así como para aquellos que quieren incorporar el mindfulness en su día a día. 

Otra manifestación del arte budista tibetano es la realización de mandalas. Se trata de ilustraciones que representan templos divinos. Realizadas con arena teñida, actúan como un medio para lograr un equilibrio energético y mejorar la concentración durante la meditación. 

Pintura propia del budismo tibetano
Pintura propia del budismo tibetano

Thomas Laird, salvando el arte del budismo tibetano

Resulta estremecedor conocer que una parte considerable de este arte milenario haya desaparecido por la acción humana. La Revolución Cultural iniciada por Mao Zedong en 1966 destruyó cerca de 6.000 monasterios. El paso del tiempo también ha jugado un papel importante en el deterioro del legado artístico del Tíbet. A pesar de los esfuerzos del gobierno chino actual por preservar este patrimonio, muchas de las obras continúan desgastándose y fracturándose.  

Por esta razón, el fotógrafo americano Thomas Laird se puso la tarea dar a conocer el arte del Tíbet y crear conciencia sobre la necesidad de su conservación. Diez años más tarde, ha publicado “Murals of Tibet”, una obra maestra que recoge las fotografías que ha tomado de más de 200 frescos, algunos de ellos, de más de 10 metros de largo. Es su modo de preservar un legado cultural en peligro de extinción. 

Las 500 páginas de este libro editado en formato extra grande (50 cm x 70 cm), están impresas en vivos colores. Para que el resultado sea más espectacular, algunas fotografías incorporan láminas de pan de oro auténtico. Esta edición limitada es considerada una pieza de coleccionista. Su precio también es de coleccionista: se ha puesto a la venta por 10.000 Euros. Algunas de las 998 copias editadas por Taschen se exhiben en museos de renombre, como el MET de Nueva York. 

Cada uno de los ejemplares ha sido bendecido y firmado por el Dalai Lama, en reconocimiento de la importancia artística e histórica del libro. 

Dalai Lama firma los ejemplares junto a Thomas Laird
Dalai Lama firma los ejemplares junto a Thomas Laird

Tocando el cielo desde el techo del mundo

Thomas Laird ha dedicado una década de su vida a este proyecto. El carácter obsesivo del fotógrafo le ha llevado a tomar fotografías de cada porción de los murales, llegando a hacer miles por cada pintura. Posteriormente, las ha impreso, para juntarlas de manera manual y lograr de este modo la más alta resolución. Las técnicas fotográficas desarrolladas por Laird le han permitido capturar con una extraordinaria precisión los detalles de las pinturas. 

Thomas Laird, que se mudó a Nepal en 1972 a los 19 años, ha realizado una inmersión plena en la cultura del Tíbet. En los diez últimos años ha convivido entre pastores, agricultores y monjes y ha viajado por todo el Tíbet, en busca de estas gemas escondidas. Se ha mimetizado con la sencillez que caracteriza a los habitantes de la región. A pesar de que podrían permitirse ciertos lujos (el precio de los rebaños de los pastores puede alcanzar cifras más que considerables), han optado por gozar de una vida centrada en las experiencias místicas y no en la tenencia de bienes materiales. 

Gracias al trabajo de Laird, la riqueza artística, cultural, espiritual e histórica del Tíbet va a perdurar y va a ser conocida por las generaciones venideras. Su trabajo es una fuente vital para el estudio en profundidad del arte en el budismo tibetano y de los secretos que esconden sus pinturas.

“Los murales son la partitura, interpretarlos depende de nosotros”

Thomas Laird
Murals of Tibet, de Taschen
Murals of Tibet, de Taschen
Compártelo!