Inspiración

El arte y desenfreno del París de los años 20

El arte en el París de los años 20

El arte en el París de los años 20 fue un arte de progreso, descubrimiento, vanguardia y transformación. El furor y desenfreno que se respiraban en París en los años 20 atrajo a multitud de artistas e intelectuales. Esta generación perdida entre camerinos, cafés y delirios supo materializar sus impulsos creativos y su afán por cambiar una sociedad destrozada por la guerra. Y convirtió París en una fiesta.

Por el día los intelectuales se reunían en los cafés de París creando una atmósfera cargada de intelecto. Por las noches, se dedicaban a agitar los burdeles y cabarets de la ciudad.

Arte en los bajos fondos de Montparnasse

Alice Ernestine Prin, mejor conocida como Kiki de Montparnasse, se encargaba de encender la vida nocturna de Montparnasse.

Las penurias que sufrió durante su infancia en Borgoña no definieron su carácter, risueño y despreocupado. Fue proclamada Reina de Montparnasse, título que adoptó gracias a sus canciones atrevidas, bailes sensuales e historias descaradas. Se supo relacionar con los artistas e intelectuales más destacados del momento, convirtiéndose en musa de muchos de ellos.

El fotógrafo americano Man Ray quedó prendado por su osadía y la inmortalizó en la que es su obra más conocida, “Le Violon d’Ingres”, donde jugó con las similitudes entre la silueta femenina y la de un violín.

Le Violon d´Ingres por Man Ray
Le Violon d´Ingres por Man Ray

Los cabarets de París, de arquitectura turbia y ambiente recargado, eran un lugar propicio para confundir amor con seducción.

Henri Toulouse-Lautrec, máximo exponente del arte de los bajos fondos de Montparnasse, se dejó atrapar por esta confusión. Encontró en los levantamientos de faldas y el alcohol su inspiración. Su entusiasmo por los burdeles estaba en parte debido a la admiración que sintió por la aclamada bailarina Jane Avril. Toulouse-Lautrec, que no se limitó a la pintura, creó carteles para las principales salas de espectáculos, como Le Chat Noir. Jane Avril se convirtió en figura indiscutible del panorama nocturno parisino al quedar retratada en las litografías que realizaba el artista.

Bailarina, emprendedora, y… contraespía

A mediados de los años 20, Joséphine Baker, bautizada como la Venus de ébano, vino de Estados Unidos para conquistar Montparnasse. Lo consiguió con una actitud desenfadada, unos movimientos atrevidos y una indumentaria casi imperceptible. Compartía con Kiki unos orígenes humildes, el don para la danza y un ascenso meteórico a la fama. En una ciudad en la que lo convencional no tenía cabida, Joséphine aprovechó su fama para acceder a los círculos de mayor influencia nazi. De este modo, ejerció como contraespía para Francia cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. Llegó incluso a abrir su propio club, Chez Joséphine. Una vez más, quedaba demostrado que todo era posible en el París de los años 20.

Josephine Baker
Josephine Baker

La ausencia de normas y la libertad sexual eran la norma durante los locos años 20. Todo el que paseaba por Montparnasse se empapaba de entusiasmo, júbilo y alcohol a partes iguales. La droga y el delirio circulaban con pasmosa facilidad por los salones de baile.

El ambiente intelectual, la congregación de artistas y marchantes y la proliferación de exposiciones de arte convirtió París en la ciudad más vanguardista de Europa.

En la Closerie de las Lilas, en Montparnasse, se daban cita Hemingway y Fitzgerald. Las paredes de este café fueron testigo del intercambio de ideas de los escritores. La choucroute que servían en este restaurante, manjar preferido de Hermingway, pudo ser fuente de inspiración para el escritor, que gestó aquí su primera novela, “Fiesta”.

Las musas, el talento y tormento de Modigliani

También frecuentaron la Closerie de las Lilas Picasso, Cézanne y Modigliani. Este último se trasladó desde su Italia natal a París para nutrirse de la corriente vanguardista. Las creaciones de Amadeo Modigliani son reflejo de su naturaleza atormentada, refinada y seductora. Si su círculo de amigos era escaso, le sobraban las admiradoras, que posaban para él en su estudio. El pintor lograba desnudar (el cuerpo) y alma de sus modelos (su primera exposición fue clausurada por indecente).

Aunque sus pinturas gozaron de cierto reconocimiento, siempre se sintió más afín a la escultura. Constantin Brâncuşi alentó a Modigliani a decantarse por esta rama artística, y siguiendo su consejo, esculpió figuras que siguieron la línea estilística de sus pinturas: cuellos alargados, miradas huecas y narices estilizadas.

Así fue como retrató a su gran musa, Jeanne Hébuterne.

Jeanne, una joven estudiante de pintura con grandes aspiraciones, vivió una breve pero apasionada vida con Modigliani. Se mudó a vivir con Modigliani, que era de origen judío, pese a la oposición de su ferviente familia católica.

La meningitis y una vida marcada por la adicción al alcohol y las drogas terminaron con la vida de Modigliani cuando tan solo contaba con 35 años. Jeanne, que estaba esperando a su segundo hijo, no pudo soportar el dolor y terminó por tirarse de un balcón.

Modigliani, Picasso, André Salmon
Modigliani, Picasso, André Salmon

Picasso, por su parte, obtuvo mayor notoriedad en la sociedad parisina de los años 20. Revolucionó, junto con Braque, la escena artística de la época popularizando la técnica cubista. Los cubistas, que se constituyeron como grupo en el 1911, rompieron con la noción del espacio materializando la “cuarta dimensión”, que representaba planos que escapan del área de visión.

El arte del París de los años 20 se fragua en el salón de Gertrude Stein

Estos son los años en los que Picasso y sus contemporáneos comenzaron a reunirse en el salón de la escritora y coleccionista Gertrude Stein y su hermano Leo. Ambos se instalaron en un apartamento de dos pisos cercano a los Jardines de Luxemburgo, donde atesoraron obras de Cézanne, Matisse, Renoir o Toulouse-Lautrec.

En las tertulias organizadas por los Stein coincidían Hemingway, F. Scott Fitzgerald, Apollinaire, Matisse y Picasso, entre otros. Notoria fue la admiración y rivalidad que se profesaban estos dos últimos. Inspirado por la obra “Le Bonheur de vivre” de Matisse, Picasso creó su célebre obra “Las señoritas de Avignon”. En contraposición a la escena apacible que pintó Matisse, Picasso representó cinco prostitutas geométricas en un burdel de Barcelona.

"Le Bonheur de vivre" de Matisse y "Las señoritas de Avignon" de Picasso
“Le Bonheur de vivre” de Matisse y “Las señoritas de Avignon” de Picasso

El salón de los Stein se convirtió en un hervidero de intelectualidad, por el que circulaban sin cesar sibaritas y creativos. Entre trago y trago, intercambiaban impresiones sobre las obras expuestas. Gertrude, que bautizó a este colectivo como “Generación Perdida“, fue impulsora de las carreras de numerosos artistas, como Picasso. A modo de agradecimiento, Picasso la obsequió con un retrato para el que posó en más de ochenta ocasiones.

Picasso y los Ballets Rusos

En el París del cubismo, impresionismo y expresionismo, florecen los Ballets Rusos dirigidos por el maestro Serguei Diaghilev. Diaghilev, que supo adaptarse a las corrientes imperantes, se dispuso a reconstruir una disciplina tradicionalmente marcada por la pomposidad y suntuosidad. Así es como encomendó a Picasso la tarea de diseñar los decorados y vestuarios de los ballets. En este contexto Picasso conoció a quien sería su mujer, Olga Khokhlova.

Montparnasse, que en un inicio se presentó como una simple vía de escape a los dolores de la guerra, terminó por convertirse en un fin en sí mismo, en una tierra fértil para la creatividad, el intelecto y el libertinaje.

No obstante, la efervescencia de París se perdió con la crisis económica acarreada por el crack del 29, lo que sumió a la ciudad en un periodo de decadencia.

Y París dejó de ser una fiesta. 

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