Coleccionistas de arte Suiza
Mercado del arte

¿Por qué atrae Suiza a los coleccionistas de arte?

“El dinero suizo es el más bello del mundo”

Son varios factores los que justifican el atractivo de Suiza para los coleccionistas y marchantes de arte. Suiza ha sido un punto estratégico en la comercialización de arte entre un segmento de población de elevado poder adquisitivo. Actualmente, se posiciona como el quinto mercado de arte del mundo, sólo por detrás de Estados Unidos, Inglaterra, China y Francia (Arts Economics 2020). 

Artnews nos desvela que 12 de los 200 coleccionistas más importantes del planeta residen actualmente en Suiza. En la clasificación de las personalidades más influyentes en el sector del arte elaborada por ArtReview, destaca en la primera posición la pareja de galeristas suizos Iwan y Manuela Wirth. Los espacios multidisciplinares que han creado, en los que combinan programas educativos, restauración y exposiciones de arte, les ha valido la etiqueta de impulsores del cambio en el sector del arte. 

El World Wealth Report publicado por Capgemini sostiene que el arte es la primera motivación de gasto -por placer- de los individuos con un patrimonio alto y ultra-alto.

Resulta lógico deducir que el florecimiento del mercado del arte en Suiza sea uno de los efectos de la concentración de riqueza en el país. Y como la riqueza atrae más riqueza, su hegemonía se fortalece. En palabras de Andy Warhol, “el dinero es sólo papel. Pero el papel suizo es el más bello”. 

Las industrias farmacéutica y aseguradora hacen de la suiza una de las economías más boyantes de Europa. Empresas como Nestlé, Bayer o UBS han establecido en el país sus sedes, lo que refuerza su tejido empresarial. 

Los coleccionistas y galeristas suizos Iwan y Manuela Wirth

Bancos, coleccionistas de arte en Suiza

Los bancos y compañías aseguradoras se han convertido en los mecenas del siglo XXI. La mayoría de las entidades bancarias cuentan con sus propias salas de exposición, donde exhiben obras de sus colecciones. Emplean el arte como medio para mostrar su compromiso con la sociedad, lo que se traduce en una mejora de su imagen corporativa y en un incremento de su rentabilidad social. Se puede entender que existe una relación directa entre la proporción de bancos en un país y el peso del mercado del arte en el mismo.

UBS adquiere obras directamente de artistas que residen en las áreas en las que opera el banco. Su inventario comprende alrededor de 30.000 obras de arte, lo que la convierte en una de las colecciones corporativas más importantes del planeta

Por su parte, entidades como el Grupo Julius Baer o Pictet han adquirido un compromiso con la comunidad artística local. Sus colecciones comprenden una selección de obras de artistas suizos prominentes. En ambos casos, los bancos mantienen estrechos vínculos con los artistas, a quienes promueven y dan visibilidad. 

El compromiso social de UBP trasciende lo cultural. El banco se posiciona como un gran ejemplo de cómo se puede cambiar el mundo a través del arte. La entidad está recaudando fondos para la investigación del cáncer con la venta de las obras de su colección.

También los hay que como Lombard Odier, patrocinan eventos, conferencias e iniciativas culturales. 

Escultura en las oficinas de UBP

Grandes fortunas, inmensas colecciones

A nivel individual, es posible encontrar en Suiza coleccionistas de arte de toda índole. Marchantes, inversores, banqueros, celebrities, políticos, herederos de grandes fortunas, mecenas e incluso artistas. Siendo la discreción un valor perenne en la cultura helvética, la mayoría de ellos permanecen en el anonimato. 

De entre los nombres que han trascendido por la evidente impronta que han dejado en el país, destacan el de Uli Sigg y Christoph Blocher. El primero, diplomático de origen suizo, es el mayor coleccionista privado de arte chino del mundo. Forma parte de los consejos del MoMA de Nueva York y del Tate de Londres. Blocher es un importante político que atesora una vasta colección de arte suizo que periódicamente exhibe en espacios culturales. 

La pasión de Nicola Erni por el arte ha resultado en la fundación de la Nicola Erni Collection en Steinhausen, donde expone pintura, escultura, instalaciones y fotografía. Posee obras de Basquiat, Mario Testino, Andy Warhol y Helmut Newton, entre otros.

Y a propósito de Andy Warhol. Uno de sus amigos más cercanos fue el marchante de arte y también coleccionista suizo Thomas Ammann. Es indiscutible el peso que ha tenido en la industria artística. Trabajó a lo grande y con los más grandes. Podía llegar a facturar 10 millones de francos suizos con la venta de una única obra. Entre sus clientes (y amistades) destacaron Audrey Hepburn y Elizabeth Taylor. Con su carisma y encanto atrajo el padrinazgo de Yves Saint Laurent y del barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza. Su influencia se sigue percibiendo a través del legado que ha dejado, materializado en una galería de arte que lleva su mismo nombre. 

Gran parte de las colecciones más importantes del país han sido reunidas por familias adineradas. Sus colecciones han resultado en la creación de instituciones museísticas como la Emmanuel Hoffmann en Basel o la Fundación Oskar Reinhart en Winterthur. Los cuatro mayores museos del país, incluido el dedicado a Paul Klee, han sido financiados por fondos privados. Esta posición fue reforzada por la percepción que prevaleció en Suiza hasta los años 70 de que el arte debía ser custodiado e impulsado por particulares

No podemos pasar por alto la colección de arte que los Thyssen albergaron en tiempos de bonanza en Villa Favorita, en Lugano. Este palacio sirvió como refugio para su colección en una época convulsa en Europa. En la actualidad, las piezas se encuentran en el Museo Thyssen Bornemisza de Madrid.  

Siguiendo esta línea, la neutralidad de Suiza ha sido otro aspecto decisivo para la atracción de coleccionistas. Los Van Gogh´s, Rembrandts y Rodin´s localizados en Suiza no sufrieron las consecuencias del cruento siglo XX. Una ingente cantidad de obras de arte localizadas en otros países, como Alemania, fueron reducidas a cenizas. El modernismo y la abstracción eran considerados por el “Führer” como arte degenerado. Las obras que corrieron mejor suerte fueron sometidas al expolio y no a la destrucción. 

The Nicola Erni Collection

Un paraíso fiscal para el arte 

En otro orden de ideas, las interesantes políticas fiscales suizas han sido otro factor apreciado por coleccionistas de todo el mundo. Si bien en España el arte se llega a grabar en un 21%, Suiza ofrece una alternativa jugosa para las carteras voluminosas. 

Los llamados puertos francos son los “duty-free” del arte. Grandes almacenes grises, fríos y aparentemente exentos de cualquier atisbo de belleza. Nada más alejado de la realidad, estas bodegas almacenan desde valiosos Picassos, hasta esculturas de la antigua Roma de inconmensurable belleza. Y de lo que realmente están exentos, es de impuestos. 

El informe “Cultural Times” elaborado por EY, desvela que las industrias culturales y creativas generan anualmente 2.250 millones de dólares, lo que supone un 3% del PIB mundial. De esos más de dos billones de dólares, 391.000 millones corresponden a las artes visuales. Y las artes visuales requieren de espacio físico. Los puertos francos han sido una respuesta al creciente mercado del arte. Las villas, mansiones y palacios no son suficientes para acoger esta vasta cantidad de pinturas, esculturas y fotografías. Los millonarios requieren de espacios adicionales que puedan conservar sus posesiones en condiciones óptimas. Los puertos francos ofrecen protección a las obras, seguridad, servicios de logística y de restauración. Además, las obras son cuidadas con esmero. Los espacios mantienen una humedad y temperatura constantes, para evitar que estas piezas, escondidas y ocultas, sufran deterioros. 

Cabe resaltar que los almacenes libres de obligaciones aduaneras someten a su inventario a un estudio sobre su procedencia. Así lo obliga la ley, pues el arte es un imán para los criminales financieros que buscan blanquear capitales.

Puerto franco en Ginebra, Suiza

¿Por qué se acumula arte en grandes depósitos?

La acumulación de arte en almacenes no es una práctica exclusiva de los puertos francos. Los museos mantienen expuesta una porción de las obras que poseen. El resto permanecen aseguradas en sus sótanos. 

Quien siente una pasión desmedida por el arte, pero dispone de espacio limitado para mostrarlo, recurre a los puertos francos. Porque el arte, aunque invisible, es símbolo de prestigio

Hay quienes ven el arte como un mero producto especulativo. En ocasiones, una obra de arte cambia de manos sin siquiera moverse de un puerto franco. 

No obstante, el arte de los puertos francos no siempre permanece oculto. Los depósitos se localizan en puntos estratégicos; en sus cercanías, se pueden encontrar museos de renombre. Los dueños de las obras de arte tienen razones más que suficientes para prestarlas a instituciones de prestigio. Naturalmente el precio de la pieza se incrementará tras haber sido expuesta en la Kunsthaus de Zurich o en el Museo de Arte e Historia de Ginebra. Y es que en esta misma ciudad se halla el puerto franco más grande del mundo, el Natural Le Coultre

Si bien Suiza es hogar de deslumbrantes pinacotecas, exquisitas colecciones de arte, excepcionales galerías y prometedoras ferias de arte, los puertos francos han jugado un papel decisivo en el boom del mercado del arte en el país. 

El museo temporal más bello del mundo está en Suiza

Así calificó Vogue a la feria Art Basel, que se celebra anualmente en Basilea, y que ya tiene sucursales en Hong Kong y Miami. La elección de la localización no es aleatoria. Basilea, con un museo por kilómetro cuadrado, es considerada la capital cultural de Suiza. En Art Basel confluye un arte provocador y en ocasiones, irreverente. Tal vez recuerden el episodio en el que una banana pegada a la pared se vendió por 120.000 dólares (cierto es que ocurrió en la filial de Miami). En la feria cierran tratos coleccionistas de alto nivel mientras desayunan ostras con champán. Y bananas. Porque aquella de la pared fue engullida por un visitante.

Art Basel es una oportunidad para contemplar un arte que sale momentáneamente de una caja fuerte, para acabar en otra. Es también un reflejo de la salud del mercado del arte global. Ritcher cotiza en 34 millones de Euros, Jeff Koons vende obras online por 8 millones de dólares y Picasso recauda 7 millones de dólares con la venta de una sola obra. Negocios de este calibre se discuten en salas privadas, cuya entrada está reservada a la crème de la crème del arte.

Exponer en Art Basel se podría comparar con tener tu nombre en el paseo de la fama o con lograr una estrella Michelín. 

La feria, considerada el evento del año, no está exenta de curiosidades. La más sonada ha sido aquella de la banana. No obstante, se han dado situaciones igualmente polémicas. En una ocasión se reportó el robo de un Picasso valorado en 85.000 Euros. Célebre ha sido también el paseo de Brad Pitt por las galerías de ArtBasel.

Según el estudio “The Art Market 2020”, elaborado por UBS, (patrocinador de la feria), los coleccionistas de arte suizos más activos pertenecen a las generaciones X (39-55 años) y los Millennials (26-38 años). El estudio también refleja que el número de mujeres millonarias coleccionistas está creciendo a un ritmo superior que el de hombres millonarios.

Para que dichos coleccionistas puedan seguir engrosando sus colecciones, tendrán que esperar a que detone nuevamente este cosmos artístico, paralizado temporalmente por la pandemia. 

Tras este análisis, podemos concluir que el rendimiento de la industria del arte está intensamente vinculada al PIB de un país y a las poblaciones de alto patrimonio.

Art Basel, en Basilea

Todas las formas que adopta el arte en Suiza

No podemos olvidar que Suiza desprende arte por todos sus poros. Y esta cualidad cautiva a amantes del arte y a grandes coleccionistas. 

Andreas Caminada, chef del tres estrella Michelín Schauenstein Schloss, ha colaborado con el artista Peter Diem para generar una experiencia gastronómica extrasensorial. La vajilla del restaurante emite luz, color y movimiento, de manera que interactua con los alimentos dispuestos sobre ella. Son platos dignos de museo. 

El Hotel The Alpina Gstaad irradia creatividad y magnificencia gracias a la colección de arte que exhibe en sus estancias. Asimismo, el alojamiento colabora con organizaciones artísticas, patrocina residencias artísticas y organiza eventos en los que congrega a personalidades del arte.

El material de trabajo del artista suizo Gerhard Petzl es una de las señas de identidad del país. Y no me refiero al dinero, sino al chocolate. Fabrica estampas producidas con los cristales que se originan cuando la manteca de cacao se solidifica. Arte en estado puro. 

El arte no sólo está presente en la gastronomía, sino también en la naturaleza. La bienal Art Safiental tiene lugar en un entorno de ensueño, los Alpes suizos. Exhibe piezas contemporáneas de gran formato que dialogan con el entorno. Los visitantes se adentran en el paisaje escarpado mientras contemplan una carretera al infinito, la escultura de una mujer tumbada sobre el firmamento rocoso o una concha de 20 toneladas que desafiando las leyes de la física, flota sobre un lago de aguas cristalinas. 

En definitiva, la neutralidad del país helvético, la concentración de riqueza y el auge de la industria cultural, han sido un gancho para los coleccionistas de arte en Suiza. Aunque el secretismo bancario ya sea cosa del pasado, quedan razones más que suficientes para seguir atrayendo a coleccionistas de todo el mundo al país.

Shell, escultura de la bienal Art Safiental

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