Canaletto, veduta del Palazzo Ducale
Mercado del arte

Vedutismo, arte en el Grand Tour

El viaje iniciático de la aristocracia del siglo XVII

El Grand Tour fue un viaje de descubrimiento y aprendizaje llevado a cabo por jóvenes aristócratas británicos a partir del siglo XVII. El Reino Unido se encontraba en una fase de prosperidad y estabilidad política, tras instaurarse la monarquía parlamentaria, desarrollarse la industrialización y el comercio. El bienestar imperante, sumado a la corriente empirista propugnada por John Locke, que sostenía que las ideas y el conocimiento provenían de la experiencia y los sentidos, fueron el germen para el nacimiento del Grand Tour. 

Cabe resaltar que esta práctica se popularizó en otros territorios, llevando a franceses, holandeses, alemanes, rusos, escandinavos y norteamericanos a embarcarse en esta aventura. 

Al finalizar sus estudios universitarios, jóvenes pertenecientes a la aristocracia y, en menor medida, a la alta burguesía, emprendieron expediciones por Europa con el fin de complementar su formación y prepararse para la vida adulta. Su aprendizaje se extendía a lo cultural, social, político, y en algunos casos, sexual. 

Llevaban consigo prendas, mapas, catalejos, dinero, libros didácticos y algún arma, para protegerse de posibles desavenencias. Por su peculiar equipaje, en ocasiones eran confundidos con espías. También portaban cuadernos de viaje, para llevar registro de sus vivencias y aprendizajes. Cabe resaltar que estas anotaciones se convertirían posteriormente en guías y literatura de viajes.  

En una Europa anterior al acuerdo de Schengen, la tarea burocrática previa al viaje era tediosa: la solicitud de visados y permisos a embajadores, la preparación de salvoconductos, el arreglo de cédulas sanitarias y la petición de cartas de recomendación eran los procedimientos usuales. Lo que en tiempos de pandemia nos resulta más familiar, es la realización de fumigaciones, desinfecciones y cuarentenas. 

Aristócratas preparando el Grand Tour
Aristócratas preparando el Grand Tour

El viaje como medio para alcanzar estatus social

El contacto con el arte renacentista, los encuentros con la alta sociedad europea, la asistencia a óperas y teatros imprimía en los viajeros soltura, seguridad y distinción. 

Los jóvenes regresaban a su país de origen con un estatus renovado. Su reputación se había acrecentado y disfrutaban de un flamante halo de misterio. El Grand Tour estaba reservado a las clases más altas y pudientes, que buscaban mejorar su posición social, si cabe. 

Para constatar la veracidad de la experiencia, el viajero realizaba el Grand Tour acompañado por un cicerone o tutor, que preferiblemente ya hubiese efectuado la expedición en su juventud. Durante los varios meses o incluso años que se prolongaba el viaje, el tutor instruía a su aprendiz en la manera correcta de comportarse en sociedad y se encargaba asimismo de controlar sus excesos. En su paso por los diferentes países, instigaba a su pupilo a asistir a clases de esgrima, equitación, baile o francés. En un contexto más lúdico, los jóvenes asistían a veladas en las que degustaban manjares (por lo menos respecto a la gastronomía inglesa), a bailes en elegantes salones y museos. 

Mapa histórico del Grand Tour
Mapa histórico del Grand Tour

La Italia renacentista, culmen del Grand Tour

El recorrido se establecía en función de los medios económicos de la familia y el tiempo disponible, así como de los contactos que estos aristócratas tenían en otros países. La ruta más habitual se iniciaba en Dover, Inglaterra, desde donde se atravesaba el Canal de la Mancha. Una vez en Calais, Francia, adquirían un coche de caballos para proseguir su trayecto. El itinerario siempre comprendía la visita de Italia, culmen del viaje y vía de acceso a la cultura clásica. 

Florencia les abría las puertas al Renacimiento y al padecimiento del síndrome de Stendhal. En Roma apreciaban los vestigios del Imperio Romano, como el Coliseo, el Panteón y los foros. También el buen comer. Tras la visita de Roma, se dirigían hacia Nápoles, la mayor ciudad de Italia en esos días, para visitar el Vesubio y las ruinas de Herculano y Pompeya. Venecia era parada obligada. Aunque en periodo de decadencia y atestada de burdeles, despertaba interés en el viajero por el exotismo que le confería servir de puente entre Oriente y Occidente. Su arquitectura, arte, canales, música y celebraciones eran atractivos que no se podían ignorar. Los desfiles de máscaras en el Carnaval fascinaban a los viajantes. A su vuelta, realizaban una visita a Turín y Milán, tras lo cual emprendían el viaje de regreso a su tierra natal. Lo podían hacer atravesando los Alpes, en carruaje y a pie, para posteriormente hacer estadía en París, o viajando en barco desde el puerto de Livorno o Génova. 

La confluencia de científicos, filósofos, diplomáticos, artistas y nobles en Italia y el contacto de los viajeros con ellos, enriqueció encarecidamente la experiencia de estos aristócratas bohemios. 

Los antecedentes del vedutismo

En sus expediciones por Italia, los anglosajones se hicieron con reliquias, fragmentos de ruinas y esculturas que orgullosamente llevaron al Reino Unido, convirtiéndose en parte de su patrimonio personal. Muchas de estas piezas yacen en la actualidad en el British Museum. No nos encontramos ante un caso aislado. Entre 1801 y 1805 el embajador británico en el Imperio Otomano, Lord Elgin, inició un expolio de antigüedades griegas nada desdeñable. Los frisos, esculturas, partes del Partenón y otros fragmentos exhibidos sin orden ni concierto en las salas de este mismo museo provienen de la expropiación llevada a cabo por el diplomático. 

Regresando al Grand Tour, aquellos que no podían permitirse adquirir antigüedades auténticas, compraban copias hechas en mármol. Constituían la prueba de que realmente habían realizado este peregrinaje por el continente. A raíz de este fenómeno, proliferaron los restauradores de obras de arte

Vedute, recuerdos de sus experiencias en Italia

Paralelamente, se desarrolló una corriente artística en Venecia que buscaba satisfacer la avidez de los anglosajones por coleccionar arte y pruebas de sus viajes. Así nace el vedutismo. Su máximo exponente, Giovanni Antonio Canal, mejor conocido como Canaletto, lo convirtió en un fenómeno cultural. 

Sus vedute o estampas venecianas bañadas de luz presentaban alteraciones con respecto a la realidad por motivos estéticos. Se añadían cúpulas a las basílicas, se alargaban las torres, se modificaba la forma de las ventanas y se eliminaban edificios, según conviniera. 

Si las pinturas de Canaletto alcanzaron el éxito por sí solas, un banquero de Venecia, Joseph Smith, le dio el empujón que fortaleció definitivamente la carrera del artista. Actuó como su mecenas, agente y marchante. El género artístico alcanzó su máximo esplendor en 1730. 

Vedute realizada por Canaletto
Vedute de Canaletto, Venecia

Los discípulos de Canaletto

El pintor formó en su taller a su sobrino Bernardo Bellotto, que logró tal maestría que a día de hoy resulta complicado distinguir a quién pertenecen algunas obras. 

Las malas lenguas afirman que Joseph Smith pudo comercializar las obras de Belloto como Canalettos, para sacar mayor rendimiento económico. No resultaría inverosímil, pues Canaletto raramente firmaba sus pinturas. 

El otro sobrino de Canaletto, Pietro Belloti, también se formaría en su taller, pero seguiría su carrera de manera independiente en diferentes países de Europa, desarrollando un estilo propio. 

Pintura realizada por Bernardo Bellotto
Pintura realizada por Bernardo Bellotto

El desarrollo del vedustimo en el Grand Tour

Remontándonos a los orígenes del vedutismo, debemos situarnos en Holanda, donde nació Gaspar van Wittel. Visitó Venecia a finales del siglo XVII y aprovechó su estadía para realizar dibujos de los paisajes vénetos. Estos bocetos le valieron como base para realizar en los años siguientes cuarenta pinturas, en las que plasmó escenas de la vida cotidiana. Viajó por toda la geografía italiana, por lo que se conservan vistas de las ciudades de Roma, Bolonia, Nápoles, Florencia y Verona. En un intento de italianizarse, se bautizó Gaspare Vanvitelli.

El otro gran exponente del vedutismo fue Francesco Guardi, que aun siendo seguidor de Canaletto, cultivó un estilo propio. Aplicó la técnica del sfumato, dio mayor protagonismo al movimiento, representó los contornos de manera más difusa y aplicó una pincelada más vibrante y atmosférica. Su pintura, menos fotográfica y con menos detalle que la de su predecesor, fue acogida por el público con un entusiasmo comedido. Su reconocimiento oficial fue tardío, por lo que no fue admitido a la Academia de Venecia hasta los setenta y dos años. No obstante, fue redescubierto por los impresionistas en el siglo XIX, que encontraron en su pincelada ligera su inspiración. 

Giovanni Paolo Pannini, por su parte, se centró en la representación romántica e idealista de las ruinas romanas y vestigios arqueológicos. Plasmó las ceremonias y festividades que se celebraban en Roma, documentando así las tradiciones y costumbres de la época. Alcanzó una fama considerable, por lo que se le encomendó la decoración de palacios y realización de frescos. También fue profesor en academias de renombre y montó su propio taller, donde instruyó a Hubert Robert y a su hijo Francesco Pannini.

Pintura de Francesco Guardi
Pintura de Francesco Guardi

La culminación del Grand Tour

La pintura de vedute desaparecería con el fin del Grand Tour, que a su vez se consumaría con el desarrollo del transporte a vapor, que hizo los viajes más asequibles, seguros y accesibles. Este acontecimiento daría lugar a un nuevo fenómeno, turismo de masas, con el que los viajes perdieron su carácter pedagógico y adoptaron uno más lúdico y recreativo. 

Vedutismo Grand Tour, Giovanni Paolo Panini
Roma por Giovanni Paolo Panini
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